Foto: Audrey Cudel
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A lo bestia: buceando más allá de los propios límites

Sabiduría: ¿Cómo fue la inmersión? Era tu primera inmersión desde que terminaste tu curso de aguas abiertas, ¿verdad? Debió ser muy emocionante, ¿no?

Insensatez: ¡Oh tío… !El pecio y su sala de máquinas bajando las escaleras… ¡¡¡Eso fue simplemente épico!!!

Sabiduría: Pensaba que sólo había naufragios profundos allí… ¿Y cómo acabasteis aventurándoos dentro?

Insensatez: Bueno, ya sabes, ¡fue bastante inesperado! Sólo seguí al guía. Ok, la visibilidad se volvió realmente mala en algún momento y me enredé en algunos cables, así que me asusté un poco porque me estaba quedando sin aire… hombre, a -40m, ¡se chupa el aire tan rápido…! No tenía ni idea. De todos modos, gracias a Dios, de repente apareció un tipo con un foco. Me liberó y me salvó; de alguna manera conseguí salir, no sé cómo…».

Sabiduría: ¡Dios mío! ¿Dónde estaban entonces tu guía y los demás buceadores?

Insensatez: No hombre, sólo estábamos él y yo. Pagué un extra por una visita VIP. De alguna manera me encontré con él en la cubierta superior. Justo a tiempo para compartir el aire conmigo. ¡😊!

Sabiduría: ¿Estás loco o te has vuelto loco de repente?

Insensatez: Oh, venga… ¡no me seas gallina! ¿Sabías que hay también una cueva muy chula, ahí cerca?


Al repasar los momentos más destacados de nuestro viaje de buceo, la mayoría de nosotros salimos a la superficie al menos una vez con esta línea de autocuestionamiento: ¿Qué acaba de suceder? ¿Qué podría haber pasado? ¿Qué debería haber hecho?

Por suerte, si conseguimos volver a la superficie para plantearnos esas preguntas, no hubo víctimas. Al menos, no esta vez. Por supuesto, algunas personas no cuestionarán ni se resistirán a los acontecimientos que les lleven más allá de sus límites reales, tal vez por ignorancia o desconocimiento, tal vez por orgullo o voluntariedad, o por último, pero no menos importante, simplemente por no querer decir que no.

LOS PROPIOS LÍMITES

Los límites de buceo de una persona están condicionados por dos factores principales correlacionados: su nivel de certificación de buceo y su zona de confort, ambos moldeados por la formación y la experiencia de cada uno. Una titulación no es un chaleco salvavidas, pero cuando la zona de confort de un buceador se extiende más allá de sus credenciales actuales, se adentra en la naturaleza. En otras palabras, una zona de peligro desconocida y emocionante.

La enseñanza del buceo se basa, al menos en parte, en el análisis de accidentes. Como tal, su objetivo es dotar al buceador de un protocolo cognitivo, es decir, una serie de medidas a tomar en respuesta a los posibles problemas que puedan surgir durante una inmersión. Se trata de un proceso probado que dota a los buceadores de habilidades para resolver problemas. También describe el equipo específico necesario para llevar a cabo dicha actividad.

Ninguno de nosotros obtiene el título de piloto de carreras cuando se saca el carné de conducir. Simplemente asistimos a un número mínimo de horas de formación para garantizar que no nos pondremos en peligro a nosotros mismos ni a los demás al salir a la carretera, y con suerte, tampoco chocaremos contra el árbol. Lo mismo ocurre con la formación de buceo y posterior expedición de un carnet de certificación. Su importancia es ninguna, pero la variedad de «especialidades» que uno puede conseguir con todo merecimiento incluyen profundidad, descompresión, entornos bajo techo o aguas frías, por nombrar algunas.

El entrenamiento de buceo proporciona una zona de confort dentro de los límites de la certificación. La práctica ayuda a establecer y definir nuestros propios límites psicológicos y físicos dentro de este marco. Algunos buceadores llegarán a asumir que la actividad no es realmente lo suyo, y abandonarán. Esto no tiene nada de malo, sino todo lo contrario. Otros irán dando pasitos de bebé y maximizarán su experiencia por el camino antes de aspirar al siguiente nivel. Los desafortunados son los que se sitúan entre estos dos enfoques y se aventuran en lo desconocido, de buena gana. Sólo identificando nuestras limitaciones podremos progresar y redefinir los límites de lo posible.

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE LOS BUCEADORES

Un submarinista que sobrepasa intencionadamente sus límites o bien busca un grial imaginario del submarinismo sin tener en cuenta el valor de su formación, o bien sigue los consejos de un guía o instructor cuya supuesta sabiduría y experiencia le asegurarán la inmortalidad.

En otras palabras, la tentación de lo prohibido forma parte de la naturaleza humana, y los intrépidos se aventuran en lo desconocido a veces, con y a veces sin, la influencia externa de un guía o compañero. Las motivaciones suelen ser intrínsecas, como la curiosidad o el ego, o extrínsecas, como la presión del grupo, la vergüenza a decir que no o a parecer un «perdedor». Sea cual sea la motivación, sigue existiendo un cierto grado de conciencia que alerta al buceador sobre el hecho de que simplemente no debería estar aquí y ahora. Para algunos, esta toma de conciencia es productiva y fuente de una mayor cautela que mitiga en parte los riesgos. Por el contrario, para otros, el mayor grado de estrés convierte los riesgos potenciales en hechos reales.

Un buceador que sobrepasa involuntariamente sus límites ignora por definición su propia existencia, ya sea por falta de educación o por estupidez. La ignorancia se extiende al contenido del documento de exención de responsabilidad, sin leerlo y firmándolo a ciegas, al llegar a un centro de buceo. También abarca al reconocimiento de una tarjeta de seguro de buceo renovada que no garantiza el resultado, pero podría ayudar con las consecuencias en caso de que uno consiga volver. La ignorancia también se extiende a la preocupación del guía sobre quién es quién en el grupo en cuanto a certificación, y la presión de grupo asociada para superar los límites de algunos buceadores para satisfacer a otros, sobre todo cuando hay una propina de por medio. Al fin y al cabo, «¡los buceadores sólo quieren divertirse!».

Los centros de buceo suelen encargarse de todo el proceso de organización de grupos guiados. Como el negocio es el negocio, a menudo es conveniente asignar un grupo mixto de buceadores experimentados a un guía cuyo trabajo es complacer a los clientes, pero sobre todo complacer al centro de buceo para conservar su trabajo. En el lado negativo, es un proceso muy arriesgado para todas las partes implicadas. En el lado positivo, el desconocimiento de los riesgos en juego y la aceptación del grupo guiado libera a la mayoría de los buceadores de cuestionamientos o miedos contextuales. Podría decirse que la ausencia total de conciencia sobre lo que está ocurriendo tiene como única ventaja no crear estrés adicional, suponiendo que nada salga mal.

QUIEN SIEMBRA VIENTOS…

La actitud desempeña un papel importante en el viaje de un buceador. Parte de ella consiste en comprender, analizar y tener la honestidad de reconocer que la inmersión no ha transcurrido como debería, sin importar las consecuencias. Hay que tener agallas para entablar una discusión constructiva con un guía o un compañero, y con uno mismo cuando uno siente que, aunque haya conseguido volver hoy, la inmersión simplemente no estuvo «bien».

Algunos dicen que más vale prevenir que curar, pero por qué no añadir, más vale curar que volver a hacerlo, y otra vez. Sí, este pequeño pecio parecía inofensivo desde fuera. Sí, los dígitos de profundidad en los ordenadores se convierten en el santo grial de algún buceador. Y sí, esta cueva era simplemente impresionante. Por mucho que todo esto pueda ser cierto, ¿qué valor tiene cuando las cosas se tuercen y uno se da cuenta de que simplemente no estaba preparado para ello, para su propia seguridad o la de su equipo? Un científico de fama, autor de E=MC2 propuso una vez: «Una vez aceptados nuestros límites, los traspasamos”.

Sabio: «¿Cómo fue la inmersión? Era tu primera inmersión desde que terminaste tu curso de aguas abiertas, ¿verdad? Debió ser muy emocionante, ¿no?

Conciencia: ‘Tío, me siento tan estúpido… No tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. El guía mencionó un pecio y una sala de máquinas antes de la inmersión, pero en mi mente todo el panorama parecía diferente. Sabía que estaba más allá de mi límite de profundidad, pero a nadie parecía importarle y había oído que este pecio era épico… Yo sólo quería verlo de verdad…».

Sabiduría: «¿Qué ocurrió?

Conciencia: «Estaba siguiendo al guía, pero entonces entró y no supe qué hacer. Así que le seguí, pero la visibilidad se volvió muy mala en un momento dado y me enredé con unos cables, así que empecé a asustarme. Me estaba quedando sin gas y en mi ordenador parpadeaba en ROJO la advertencia NDL (sin límite de descompresión). No tenía ni idea de qué hacer. De repente apareció de la nada un tipo con un haz de luz, de algún modo me liberó y conseguí salir, no estoy seguro de cómo…».

Sabiduría: «¡Dios mío! ¿Dónde estaban tu guía y los demás?

Conciencia: «Aquel día sólo estábamos él y yo. Pagué más con la esperanza de tener un guía privado. Me encontré con él justo antes de quedarme sin gas…».

Sabiduría: «¡Dios mío! Estuviste cerca, ¿eh?».

Conciencia: «¿Y sabes qué? Me ofreció entrar en la cueva para la segunda inmersión… Por supuesto, me parecía tentador por la mañana, pero luego lo dejé por hoy…».

Sabiduría: «¿Qué te dijo?

Conciencia: «Nada en realidad, volvió al pecio con un grupo por la tarde». Al final no estoy seguro de que el buceo sea lo mío».

Sabiduría: «Para mí, esto no tiene nada que ver con el buceo… quizá deberías reconsiderar tu objetivo inicial. Tómatelo con calma y busca una formación adecuada si es lo que realmente te interesa. Y recuerda, tu instinto siempre sigue siendo tu mejor guía. Me alegro de que hayas vuelto, colega».


Acerca de la autora

Audrey Cudel es una exploradora de cuevas e instructora de buceo técnico, especializada en formación de buceo lateral y en cuevas, en Europa y México.

También es conocida en el sector por su fotografía submarina que retrata a buceadores técnicos de profundidad y buceadores de cuevas. Su trabajo ha aparecido en varias revistas, como Wetnotes, Octopus, Plongeur International, Perfect Diver, Times of Malta y las publicaciones SDI/TDI y DAN (Divers Alert Network).


Acerca del  traductor

Ramon Verdaguer es ingeniero industrial, diplomado en medicina hiperbárica y subacuática, examinador y Trainer de Instructores de buceo y buceador comercial.

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