25 Feb 2016 | James M. Chimiak

Buena fortuna después de la mala

El buceador

De 40 años de edad, hizo cuatro inmersiones con reciclador en un día, desde un crucero de buceo de vida a bordo, cerca de la Isla Socorro. Las profundidades máximas de las inmersiones fueron entre -35 y -39 metros; los tiempos de inmersión, de 62 a 76 minutos. Este era su tercer día de una serie de buceos, con un total de 10 inmersiones. Todas las inmersiones transcurrieron sin complicaciones, y se encontraba fuera del agua a las 6 p.m.

El incidente

Aproximadamente 3,5 horas después de su última inmersión, el buceador experimentó náuseas, vómitos y dificultad para respirar durante la cena. Sus compañeros de buceo informaron que no fue capaz de reconocerlos y que no podía recordar su domicilio o fecha de nacimiento. Afortunadamente, entre los pasajeros se encontraban dos médicos, que examinaron el buceador. El examen reveló dilatación de las pupilas, dificultad para hablar, debilidad motora y contracciones musculares involuntarias.

La tripulación del barco activó el plan de emergencia. Administraron oxígeno al buceador a las 10 p.m., aproximadamente y contactaron con DAN para recibir consejo médico e iniciar su evacuación a un centro médico adecuado.

Las complicaciones

Situada en el Pacífico oriental, al sur de la península de Baja, la Isla Socorro se encuentra a unas 240 millas náuticas del Cabo San Lucas. Es una de las cuatro islas volcánicas que conforman las Islas Revillagigedo (las otras tres son San Benedicto, Roca Partida y Clarion). El viaje en barco a Cabo San Lucas dura alrededor de 24 horas.

En Socorro existe una pista de aterrizaje de la aviación militar mexicana, pero la pista no es adecuada para aviones grandes, incluidos los que pueden mantener la cabina presurizada equivalente al nivel del mar, durante el vuelo. Los vuelos de llegada requieren el permiso de los militares y, antes de partir, deben pasar aduana e inmigración en el continente. La pista de aterrizaje está insuficientemente iluminada como para permitir el despegue o el aterrizaje nocturnos.

A medida que se estaban haciendo planes de evacuación, los síntomas del buceador comenzaron a mejorar al administrarle el oxígeno. DAN estableció contacto directo con la pequeña instalación militar en Socorro, que tiene una cámara hiperbárica funcional y con personal profesional. Reconocieron rápidamente la gravedad del estado del buceador y la existencia de una ventana de oportunidades favorables para tratarlo, por lo que acordaron asistir al paciente. Aunque no había médico en la cámara, la condición del buceador mejoró con el tratamiento en el centro local.

El buceador llegó a la instalación militar antes de haber transcurrido cuatro horas desde los primeros síntomas. Fue capaz de entrar en la cámara por si solo, y los camaristas le administraron el tratamiento de la Tabla 6 de la U.S. Navy, siguiendo el consejo de los médicos de DAN. El tratamiento dio lugar a la resolución completa de los síntomas, y el buceador fue trasladado de nuevo al barco, donde los médicos a bordo le practicaron las evaluaciones neurológicas y controles frecuentes y detallados, necesarios. Se dio la feliz circunstancia de que un conocido médico especialista en medicina del buceo se encontraba a bordo de otro crucero de buceo en la zona, y se prestó altruistamente a ofrecer su ayuda. Después de una evaluación detallada, confirmó la resolución completa de los síntomas del paciente. El buceador regreso a su casa sin complicaciones y sin ninguna reaparición de los síntomas, aparte de un ligero malestar en general, intermitente.

Discusión

La evacuación de este buceador presentó muchos desafíos para el personal médico implicado en su cuidado, y hay excelentes lecciones que pueden aprenderse de cada fase del tratamiento.

En primer lugar, es importante el reconocimiento rápido de los graves problemas relacionados con el buceo. En muchos casos, la negación puede llevar a una negativa a aceptar que algo está mal y que necesita atención. Los buceadores pueden argumentar racionalizaciones esperanzadoras para descartar los primeros síntomas, ya que una emergencia declarada tiene el potencial de poner fin a las inmersiones previstas - tanto para el buceador accidentado como para los demás. Incluso, cuando finalmente se reconoce una lesión, existe un deseo de que las cosas mejoren de forma espontánea sin necesidad de comunicarlo al guía o al instructor de buceo. En este caso, un equipo de buceo bien formado, reconoció los síntomas y comportamientos anormales que dieron lugar a un diagnóstico de enfermedad por descompresión (ED), con afectación cerebral.

A continuación, los socorristas deberían administrar los primeros auxilios con prontitud y llevar a cabo más investigaciones. Este equipo de buceo administró rápidamente oxígeno, lo que provocó una drástica mejora de la condición del buceador y, una vez identificados los profesionales médicos en el grupo, les entregaron al paciente a su cuidado. Se pusieron en contacto con DAN para obtener ayuda con las dos propuestas: tratamiento o evacuación. En lugares remotos, es importante estar familiarizado con las capacidades médicas locales y opciones de evacuación antes de que ocurran las emergencias

En este caso, hubiera sido necesario un vuelo de ida y vuelta para llevar al buceador a una instalación hiperbárica totalmente adecuada (en la Universidad de California, San Diego). Hay instalaciones hiperbáricas en Cabo San Lucas, pero para lograrlo, aún tendrían que utilizar un avión y un largo viaje en barco. Debido a la reducida capacidad de la pista de aterrizaje de la isla, un avión no presurizado tendría que llevar al paciente a la parte continental, donde haría falta un segundo vuelo para llevarlo a San Diego, para la terapia de recompresión definitiva. Los síntomas se desarrollaron por la noche por lo que, debido a la oscuridad, cualquier vuelo a la isla tendría que ser demorado hasta la mañana siguiente, aumentando el retraso en el tratamiento.

DAN notificó a la Armada Mexicana la grave enfermedad del buceador, y les dejó claro que un retraso en el tratamiento podría desembocar en un mal resultado. A pesar del ajetreado ritmo de esta remota unidad de buceo, el oficial al mando permitió el ingreso en la cámara de recompresión al buceador civil. El equipo de camaristas eran verdaderos profesionales, que administraron rápidamente el tratamiento hiperbárico necesario y que dio lugar a la resolución completa de todos los síntomas del buceador. Los médicos en el barco de buceo le reevaluaron y decidieron que podía permanecer a bordo hasta finalizar el viaje a la parte continental, de acuerdo al itinerario original del viaje. Tres días después de su tratamiento, nuestro hombre voló de vuelta a casa, sin incidentes.

Cuatro eventos afortunados afectaron positivamente el episodio de este buceador aquejado de una ED cerebral, grave. En primer lugar, sus compañeros de viaje bien entrenados y la tripulación, reconocieron rápidamente el problema y controlaron su estado de salud hasta que llegó al centro médico. En segundo lugar, la administración rápida de oxígeno, lo que resultó en una mejoría considerable. En tercer lugar, un experto en medicina de buceo se encontraba buceando en las inmediaciones, y pudo prestar su asistencia. Y en cuarto lugar, la alta profesionalidad de la marina mexicana, que abrió una instalación restringida, lo que permitió el tratamiento definitivo e impidió una potencial lesión neurológica permanente para el buceador. En realidad, fue afortunado, pero también fue beneficiario de la buena voluntad de unos buceadores para ayudar a otros buceadores. Tal disposición puede superar obstáculos significativos, incluso las fronteras internacionales, como se ve en este caso.

Por favor, dedica un tiempo para agradecer a los profesionales que están comprometidos en la ayuda a los buceadores lesionados. En particular, agradecer a los que mantienen las instalaciones hiperbáricas disponibles para las emergencias de buceo 24 horas al día, siete días a la semana; son los héroes desconocidos del buceo.

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