28 Jan 2021 | Claudio Di Manao

El Club de los 100m: ¿mito o realidad?

Nota del editor: La historia del buceo se podría caracterizar por la búsqueda de mayor  profundidad y tiempo de fondo. El buceo deportivo no es una excepción. Hoy en día, por supuesto, contamos con herramientas como la tecnología de las mezclas de gas y los rebreathers,  que  permiten  a los buceadores, debidamente capacitados,  realizar inmersiones significativamente  profundas y con niveles de riesgo considerados como aceptables.

Sin embargo, la  situación  era  muy  diferente a finales de los 80s y principios de los 90s,  cuando el buceo con aire era la única opción, y a los buceadores recreativos se les dijo que limitaran sus exposiciones a una profundidad máxima de 40-50m, dependiendo de la ubicación y de su agencia de formación, y  las inmersiones de descompresión estaban estrictamente desalentadas.  

A pesar de esas advertencias, había pequeños grupos de buceadores 'atrevidos' que se aventuraron más profundamente, asumiendo su propio riesgo; en algunos casos, para la exploración,  pero en otros,  simplemente, para presumir de derechos. Al  hacerlo, los buceadores se vieron obligados a lidiar  con los efectos debilitantes de la narcosis del nitrógeno y el riesgo de toxicidad por oxígeno del SNC, que  podía acabar con la pérdida de la conciencia, así como el aumento de la densidad del gas, que conduce a la acumulación de CO2. Trágicamente, un desproporcionado número de buceadores perdió la vida en el proceso.

No es de extrañar, pues, que estos grupos tendían a mantener sus inmersiones profundas con aire, en secreto; no fuera el caso de ser culpados, o avergonzados  o,  peor aún, que buceadores menos experimentados  les enmendaran la plana. Aquí  el veterano instructor de buceo y escritor de ficción, Claudio Di  Manao, se toma un poco de licencia literaria en este divertido examen de uno de esos grupos que se rumoreaba que operaba en las inmediaciones de Sharm el  Sheikh. Por  razones obvias,  DAN Europe no aprueba este tipo de buceo.




A principios de la década de 1990, mientras se libraba una guerra contra el cultivo de plantas autóctonas psicoactivas en bosques remotos  y tierras altas, por encima y por  debajo del nivel del mar, educadores submarinos de todo el mundo luchaban contra el  uso recreativo del gas más abundante en la atmósfera. Hablo, por supuesto, del nitrógeno.

En ese momento, los compensadores hidrostáticos de flotabilidad, también conocidos como  'chalecos”, habían dejado de ser considerados recientemente un instrumento del diablo, y el nitrox,  que pronto llegaría a ser conocido como el gas vudú, aún no había dado el salto del buceo técnico al  recreativo, y  las teorías fantasiosas  sobre la narcosis del nitrógeno estaban circulando entre la hermandad del buceo profundo con aire.  La  proximidad del desierto, una  gran  inspiración para la humanidad, acogió a una  asamblea única de filósofos en Sharm el  Sheikh,  Egipto, llegando a formar un célebre club, cuya  historia vale la pena contar.

Cuentan las leyendas que había una vez,  en Sharm el  Sheikh, una  pizarra en la  entrada de un bar.  Parecía una más de las que se encontraban en los restaurantes, indicando el menú del  día pero,  curiosamente, siempre tenía un ordenador de buceo colgada en ella. "Sarah: 103". No era una ensalada cara; era la prueba de admisión al Club. Un nombre, la profundidad y el ordenador, servían como prueba. Significaba que Sarah había sido admitida en el Club de los 100 metros. Para ser admitido, tenías que haber buceado a una profundidad de, al menos, 100 metros ¡con aire!

El trimix aún no había llegado a esa comunidad que habitaba entre el desierto y el mar. Los  buceadores comerciales de aguas profundas eran los únicos que respiraban trimix, y  esas personas vivían en plataformas offshore y no estaban dispuestos a mezclarse con la masa de  buceadores recreativos. Los buceadores de aguas profundas compartían sus perlas de sabiduría con moderación, y cuando lo hacían, sus comunicados se basaban en formas literarias herméticas y oscuras.

Siguiendo la ley habitual de difusión de noticias 1 en Sharm el  Sheikh, sólo los principios más relevantes fueron memorizados y repetidos. El helio inmediatamente se convirtió en un gas traidor, tal vez  incluso  explosivo. A parte del efecto Pato Donald, el helio no tenía otras propiedades divertidas  o  redentoras.  Pero, sobre todo, porque no había helio asequible. En ese momento, en  Sharm el  Sheikh estaba de moda la prohibición de los buceos a más de 30 metros, lo que alimentó algunas dudas entre la inteligencia de la formación tekkie,  "¿Venderemos curso de trimix o cursos de aire  profundo?"

Los miembros del Club  estaban convencidos de que, en las aguas cálidas y cristalinas de Sharm, la narcosis sólo se daba a grandes profundidades. Su mantra era: "¡Cada  gas es menos denso cuando se respira en agua tibia!". El  principio tenía su propia base científica, pero para  obtener las  cotas deseadas sin sufrir una narcosis incapacitante, el agua del Mar Rojo tendría que llegar a los 94ºC: ¡no habría agua en absoluto! Por supuesto, tampoco no habría ningún buceador, dicho sea de paso. Sus  experiencias subjetivas dieron  lugar  a otra tradición oral entre el Club, aunque nunca  se había mencionado científicamente, a saber: "la narcosis se mitiga en condiciones de buena visibilidad".Otra  de las creencias que fue compartida por una gran  parte de la  comunidad de buceo, en su totalidad: "la narcosis puede ser controlada." Y allí estaba su corolario: "a través de la formación y el aprendizaje, se puede aprender a controlarla."

Es todo  una cuestión de entrenamiento

Partiendo del principio de que los alcohólicos y drogadictos son capaces de tolerar dosis más altas de anestesia, y suponiendo que no haymucha diferencia entre nitrógeno y un anestésico (de hecho, no existe), la idea de la formación sobre el control de la narcosis comenzó a propagarse. Lo que es más, ellos supusieron que la resiliencia al nitrógeno requería entrenamiento, tanto por encima como por debajo de la superficie; bajo el agua, con inmersiones de aire más profundas y    en  la  superficie, con el adecuado suministro de sustancias psicoactivas. La sustancia más accesible fue el aclamado líquido amarillo carbonatado. Una menos accesible era una hierba ilegal.  La ingestión tenía que tener lugar, estrictamente, todas las noches, entre las seis y las 11pm, preferiblemente en grandes cantidades, todos los días. Los miembros del club se dedicaron a la formación en cuestión. De hecho, una prueba de alcoholemia  realizada sorpresivamente por el director médico del centro hiperbárico de Sharm el Sheikh en los centros de buceo  locales, realizada una mañana a las 8:00 a.m., demostró que, al menos, el 10% del personal estaba en modo de constante entrenamiento .

Pero mientras que el Club  reclutaba con éxito  héroes y simpatizantes—tanto es así,  que  la infame barra puso placas de bronce con los nombres de los más atrevidos en el mostrador— el buceo técnico comenzó a contaminar sutilmente a su hermana recreativa.  Los primeros borradores de los manuales de formación con nitrox se filtraron entre la élite. Fue a ahí cuando empezaron a surgir preguntas sobre las misteriosas desapariciones de los miembros del club. Las primeras indagaciones sugirieron que no se trataba de electrólisis. ¿Qué tenía que ver la electrólisis? Bueno, Sharm era  una comunidad de vagabundos, y por lo tanto, con muchos marineros. Muchos  de ellos creían que una lata de aluminio, con un perno de acero en el interior, se disolvería en agua salada, en muy poco tiempo...

Ese no  fue  el caso.

Los primeros manuales de nitrox hablaban de algunos efectos alarmantes del oxígeno a profundidad. Pero como muchos habían sobrevivido, otra creencia peligrosa se avecinaba: ¡incluso la toxicidad del  oxígeno podría ser entrenada y controlada! Como la narcosis. ¡El oxígeno vigoriza y mejora el rendimiento de todo  tipo! "Pregúntale a mi esposa", me dijo un instructor de nitrox, con la esperanza de  convencerme. (Nota del Editor: el fundador  de  la  International Association of Nitrox Divers (IAND),  que  más tarde  se convirtió en la Asociación  Internacional  de  Nitrox &  Buceadores Técnicos,  (IANTD), ha repetido el slogan "¡el Nitrox mejora tu vida sexual!", hasta el día de hoy.  

Después de todo, ¿cómo podría el oxígeno ser un gas tan malvado? Sólo tenía que reconocer  los signos premonitorios de la toxicidad. Según la filosofía del Club, desarrollado por la lectura casual de los textos sagrados de la época, incluyendo  el  tomo de Bret Gilliam en "Aire Profundo", la reducción de la frecuencia respiratoria reducía la absorción de gases. Obviamente, nadie confundió esto con un experimento científico, llevado a cabo (irónicamente) por la persona que más tarde establecería los niveles máximos de tolerancia al oxígeno, en una PO2 de 1.6 ATA, para la agencia de formación de buceo técnico, que cofundó. 

Como una sociedad secreta  

Una vez publicados varios manuales de nitrox, la élite (gerentes de centros de buceo y directores de curso) lanzó una operación de inteligencia nunca vista hasta entonces. Comenzó con una serie de violaciones de la privacidad.  Peor que  Google  y  Facebook, los centros de buceo recreativo comenzaron a examinar los  ordenadores de buceo del personal.  En algunos centros, los ordenadores  incluso eran requisados al final del día y, a veces,  incluso cuando regresaban al trabajo, después de su día libre. Hubo purgas y despidos, la pizarra desapareció del bar y, al igual que otras almas oprimidas antes que ellos, los miembros del Club de los 100 metros se refugiaron bajo tierra y celebraban reuniones en lugares secretos. Muchos de ellos se vieron obligados a comprar un segundo ordenador de buceo, uno que nunca se mostraría. Ahora, los perseguidos se comportaban exactamente como en una sociedad secreta; comenzaron a refutar los datos oficiales, las leyes físicas, la dinámica de los gases y la fisiología. "¿Por qué no había incidentes en las cámaras hiperbáricas, con presión parcial de oxígeno a 2,8 bar?" preguntaban.

Después de haber trabajado como voluntario una temporada en la cámara hiperbárica local, tengo que admitir que sólo había sido testigo de un único caso de toxicidad por oxígeno. Sin embargo, se había publicado un estudio sobre la "toxicidad seca" en una de  las revistas de buceo, que contaba con textos de expertos y especialistas. Pero ahora ya no había nada que hacer:  la demonización del buceo profundo con aire, ya había arraigado como propaganda. El sistema estaba alterando los datos, rechazando el libre albedrío y estableciendo un régimen policial en el buceo. Había inculcado la división y la sospecha en la comunidad. Se había colocado una mordaza a la experimentación independiente. La única conclusión que se podía extraer era que el Cártel del Trimix se había adueñado del sistema.

Sin embargo, con sus firmes creencias, los miembros del Club continuaron sondeando el abismo, animados con la pasión de los revolucionarios.

Entonces, de repente,  simplemente lo pararon por completo. Fue en vano. Todos los operadores locales estaban un poco preocupados por tener miembros del Club a bordo, especialmente en sus días libres. Se sumergían en solitario, en las profundidades, o por parejas, pero siempre exclusivamente con otros miembros.  Solían hacer esas inmersiones en aquellos días en los que todos los médicos de buceo locales recomendaban que se mantuvieran en seco, para desaturarse, durante sus días libres. Espiamos sus ordenadores, un par de  veces. Incluso se los escondimos, en  un  intento de impedir que bucearan.

Queridos Tom y Patty (Mount), si estáis leyendo este artículo, ahora sabéis quién hizo desaparecer aquellos ordenadores Aladin Nitrox, aquellos que también tenían en cuenta la toxicidad del oxígeno, incluso más allá de los límites. Los devolvimos mágicamente al final del día. No queríamos discutir o espiar pero, sobretodo, ¡no queríamos ningún accidente a bordo! No tenía ninguna gracia tener que ir a buscar a un buceador que no había emergido. Al final, creo que el Club de alguna manera así lo entendió.

Un accidente muy  triste que ocurrió en una inmersión desde costa, probablemente convenció al grupo de que la toxicidad del oxígeno podía golpear fuerte después de aparecer esos primeros signos de hormigueo en los labios, visión en túnel, o esa extraña mueca que precedía a las convulsiones. El perfil del ordenador sugirió que las convulsiones habían sorprendido al buceador a 60 metros, durante su regreso a superficie desde los 100 metros de profundidad.

En una escala desde los tocinillos a las galletas,  ¿qué tan horneado me veo?

Pensé mucho en las razones por las cuales estas personas estaban arriesgando sus vidas para llegar sumergirse en el abismo. Para alguien como yo, que nunca respiró aire más allá del límite fatídico de los 66 metros (mi marca más profunda eran  62 m), era incomprensible. Algunos miembros habían continuado buceando más allá de los 100 metros respirando aire, incluso después de la  llegada del trimix. No podía explicarlo. Pero en ese momento, me faltaba aún conocer un montón de otras cosas. No me di cuenta, por ejemplo, de cómo se estaban desafiando a sí mismos e incitándose unos a otros. Katy (llamémosla así), una miembro del Club, embarazada, me lo explicó.   

 "Una vez me encontraba en ese espolón, en el fondo de Shark Reef", dijo. "¿Conoces ese peldaño, a unos100 metros?"

"Claro, voy allí todos los días, con mis clientes", le respondí !!

"Oh, sí, olvidaba que eres un cobarde."

"Soy un cobarde vivo."  

Ella me regaló una sonrisa con clase. Katy era una excéntrica educada.

"Había un montón de tiburones desfilando delante de mí. Me sentía en paz conmigo misma y con el  universo de ahí abajo, sentada en ese espolón. Quería quedarme en ese lugar para siempre. Y me habría quedado, si no hubiera sucedido algo", explicó.  

"¿Qué pasó exactamente?"

"De repente, tuve una visión increíble."  

"¿De una ballena?"

"No, realmente"

"Un calamar gigante?"

"Nope"

"Entonces,  ¿qué?"

"Un elefante rosado"

"Un elefante? ¿Rosa? A 100 metros?"

"Sí. Un elefante rosado."

"Ya veo"

"Me di cuenta, ese día, que finalmente tenía que parar mis buceos profundos con aire", me confesó resueltamente.  

Durante años he tenido una duda. Tal vez ella había visto, de hecho, un calamar gigante y, en su lugar, ¿lo tomó por un elefante? Por desgracia, no tenía ni idea. No tengo idea de lo que supone realmente bucear a 100 metros con aire, y nunca me preocupó realmente saberlo. Pero estoy seguro de que para Katy, y los demás, fue mucho más que simplemente presumir o su antojo de profundidad. Si la cosa hubiera ido sobre récords y desafíos mortales, no habría habido tantas mujeres en el Club. Las mujeres son menos fanfarronas que los hombres, y esto es casi una verdad científica.   

¿De qué se trataba, entonces?

Lo más probable es que se tratase del maldito uso recreativo del nitrógeno, el gas más abundante en la atmósfera. Y, prácticamente, gratis. Lo entendí viendo a dos de mis amigos mientras estaban discutiendo (de nuevo, no voy a mencionar sus nombres). Uno de ellos intentó bucear a 100 metros, un buceo por diversión, con aire, por supuesto. El otro lo agarró por las aletas y lo arrastró hacia la superficie. Ambos salieron con seguridad, pero el buceador que lo 'rescató'  le regañó a su amigo, que se justificó de esta manera:

"No puedes entenderlo, es una sensación increíble."  

"Hazme un favor, tío. Si  realmente no puedes ayudarte a ti mismo, drógate en el  desierto: lo peor que te puede pasar es tragar arena. ¡Y nadie tiene que arriesgar su vida para traerte de vuelta, sano y salvo!"

De todas las historias que he oído,  ésta es la que contenía todo el universo del Club de los 100 Metros.  


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Epílogo: El Club de los 100 metros se disolvió espontáneamente, en parte debido a causas naturales. Las placas de bronce en la barra del mostrador, que honoraban a los miembros del Club, entre otros, fueron retiradas. En su lugar, una nueva religión, con el dictum "Haciéndolo bien", emergió de las profundidades del chamanismo subterráneo, y desplazó al “aire profundo". Todas las otras religiones inspiradas en el agua se adaptaron al nuevo dogma científico. Hubo un rápido avance hasta nuestros días y los supervivientes del Club se han convertido en apreciados gestores de diversos centros de buceo, y en excelentes cocineros. El buceador que fue pescado por las aletas a cien metros, es ahora un Instructor Trainer de una importante agencia de formación de buceo técnico. Dudo que quiera decirle a sus alumnos instructores lo que hizo aquél 17 de noviembre de 1998.


¿Tienes una historia sobre los primeros días de "buceo profundo con aire", o conoces algún club de buceo similar? Si es así, nos gustaría conocerla. Por favor, envíanos tu historia o comentarios a editor@alertdiver.eu

Irónicamente, las diversas agencias de  formación de buceo técnico todavía no se han puesto de acuerdo en cuanto a los límites de la profundidad para el buceo con aire, desde el punto de vista de la seguridad. Puedes leer sobre sus deliberaciones en El Éxtasis de la Tecnología: Profundidad, Narcosis y Agencias de Formación.




1 Notas al pie de página: Reglas sobre la difusión de noticias en la zona de Sharm el Sheikh  (27º 54' N -  34º 19'  E)

  1. Regla de la distorsión. En presencia de una comunidad internacional, cada noticia se somete a una traducción en cada pasaje: del árabe al francés, del francés al inglés, del inglés al italiano, del italiano al alemán. La misma noticia también cambia de acuerdo con el estado de ánimo de los repetidores.
  2. Regla de la velocidad. La velocidad de propagación es inversamente proporcional al peso de las noticias en sí. Las notificaciones menos importantes y casi masivas, como los fotones, viajan con una velocidad cercana a la luz y presentan una función de onda.
  3. Regla de la privacidad. La capacidad de difundir noticias es directamente proporcional a su confidencialidad, y por lo tanto las noticias extremadamente confidenciales serán difundidas por tantos repetidores como sea posible.
  4. Regla de la Personalización. Cada repetidor tiene el derecho de añadir y cortar a voluntad.
  5. Regla de no acaparamiento. Cualquier información divulgada oralmente pertenece a la comunidad, y por lo tanto debe ser devuelta a ella.
  6. Riesgo telepático. Los hechos absolutamente secretos o confidenciales tienden a difundirse telepáticamente: nadie ha dicho nada, pero todo el mundo lo sabe.

(extracto del libro Shamandura Generation - Disponible en la  tienda DAN)




Para más  información sobre el buceo con aire profundo y los estándares de entrenamiento, lee también: El Éxtasis de la Tecnología: Profundidad, Narcosis y Agencias de Formación.




Obtén más información sobre las últimas investigaciones científicas de DAN Europe sobre el tema en el artículo Medición de la narcosis por gas inerte.




¿Cuál es tu relación con la profundidad y la narcosis? ¡Haz el test!

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